jueves, 5 de abril de 2012

43 CONTRAATAQUE









  
En otro muerto rincón del Ouranos…

     Fratedes peleaba reciamente, como siempre junto al pequeño y valiente Wille, hasta que una turba de theknos acéfalos los separó.

     M, en esos momentos, corría junto al bello Andros, al furioso Ayazx y a un continente de cientos de guerreros, despedazando y haciéndose despedazar por los acéfalos sintéticos. Su meta eran unos hangares para iniciar la lucha aérea. Al llegar abordaron por pares de eromenois como es lo usual,  Andros y su erómenosAyazx logró satisfecho abordar con M, pero éste vio algo entre los cuerpos que combatían, era L que había tropezado con los demás gigantes en el hangar y luchaba desde el suelo, cubierto por Fratedes. Ayazx febril, vio que M abandonaba la nave. Entre los quiebros y terremotos del combate,  milagrosamente los dos eromenois se hallaron, Fratedes los llevó a otra nave vacía que juntos abordaron.
–La meta-corporación dio la consigna que ataquemos las naves que rodean Plouton —dijo M rodeado de las instalaciones que caía en pedazos, ya encendido de viril violencia.
–Desobedezcamos. Es nuestra oportunidad de ser libres de la meta-corporación  —dijo frío L.
– ¿Qué propones? —preguntó M que ya estaba en pleno arrebato bélico.
–Huyamos fuera de la batalla —dijo calmo y convencido L.
– ¿Sugieres que vayamos al Mekhanes? Solo te dejarían entrar a ti —contestó M.
–Tampoco debemos ir ahí —dijo L decidido y final.
–No hay otro destino —respondió M desde su maciza contextura.
–Lo que propongo es que partamos en otra dirección. Cualquier dirección —agregó L.
–Moriríamos sin provisiones en unas semanas —respondió M.
– ¿Y en cuánto tiempo morirías si prosigue el experimento de viaje fuera del cosmos o si nos matan en esta guerra? Es obvio que la otra meta-corporación ganará y todos seremos eliminados, usados como esclavos o combustible. Huyamos y conservemos nuestras vidas siquiera unos días. La otra meta-corporación está venciendo — dijo L.
M reflexionó mudamente e hizo entrar a L en la nave. Después dijo pensando en voz alta.
–Unas semanas de libertad, de vida propia…
–Aún en caso de ganar, la meta-corporación nos ofrece la muerte para ti y la esclavitud para mí, quizás por cientos de años antes de dejarnos morir — dijo L.
     M pensó en su próxima muerte en el experimento o en la batalla; le entristeció el sacrificio de L, pero incapaz de separase de su erastés, aceptó.
Los dos abordaron y se dispusieron a partir.
     Pero en eso una multitud de gigantes acéfalos arremetió contra la estación de despegue. Después, una tormentosa explosión hizo volcar las naves, que empezaron a ser golpeadas e incendiadas. La de Ayazx salió disparada, pero entre los fragmentos del hangar logró remontar vuelo. Antes de alejarse, una palabra pululó y creció con furia en su mente: ¡muerte!  Arrebatado por el frenesí de la guerra siguió su instinto de matar aquello que lo atacaba, así que  disparó todo su armamento contra la nave abordada por M y L.
     La nave de Andros y su erómenos, pasó velozmente frente a la de M y recibió el demoledor impacto, por eso chocó y quedó retorcida a las estructuras del edificio, dejándolos atrapados vivos. La nave de M solo recibió parte del impacto, pero un trozo ardiente de metal, producto del estallido, desgarró y se hundió en su brazo izquierdo, pero en el frenesí desesperado de la guerra, M sintió dolor ni atendió la sangre que lo manchaba. La nave quedó boca arriba entre los pedazos que quedaron de las demás y los cuerpos de los frenéticos Theknos acéfalos, pero prácticamente libre de la descarga de Ayazx.
     En medio de ese desorden, los pilotos vivos despegaron chocando la mayoría entre ellos y volando en pedazos; sólo unos pocos lograron salir,  entre ellos la nave de M y L, que pronto se dirigió  a un destino distinto al del implacable  Ayazx y al de los demás.
     Lejos de sus Erastés, el inmaduro Wille peleó denodadamente contra gigantes mucho más altos que él, los eromenois siempre peleaban en pares, a solas para el pequeño Wille la pelea era muy difícil y dejaba vulnerable flancos de su cuerpo compacto y musculoso. En un arrebato de la batalla, una turba corrió sobre él y fue despedazado en una roja nube de astillas humanas, sus restos, fueron miles de veces pisoteados hasta borrarse.
Desde arriba M y L vieron la multitud de gigantes acéfalos que empezaron a rodear las instalaciones despedazadas. Caían miles y miles del cielo sustituyendo a los muertos. Los guerreros de la meta-corporación se despedazaban contra ellos entre relámpagos y temblores de los bombardeos. En unos minutos ya no quedaban humanos vivos sobre Plouton. ¡Cuántos faltaron por nombrar y merecían no ser nunca olvidados! unos sabios, otros furiosos, o callados, o  recios, generosos, fieles, tantos otros pares de diferentes eromenois que nunca se habían separado, ahora se dividían y desaparecían para siempre. En medio de los demás muertos, el último de los hermosos y macizos gigantes humanos se fundió con la negritud de la nada. Los que ayer hablaban de la imposible muerte ya no eran, ni serían  más.
     M y L se dirigieron  en una dirección diferente, alejándose de la batalla que iba desmenuzando el planeta y del Mekhanes meta-dimensional que los había esclavizado.
En medio de un espacio incendiado, su nave fue saliendo, mientras miles de otras caían.
     Sólo una nave no partía, la del maduro Fratedes, que esperaba inútilmente a su erómenos; pronto entendió que nada podría sobrevivir a esa marejada de muerte, con una viril conmoción lloró y fue el último en despegar.
     Era como si los gigantes acéfalos fueran un fuego que quemaba y volvía cenizas su meta-corporación natal. Torvos artefactos empezaron a despedazar todo lo que quedaba. La meta-corporación, agonizante en sus últimos segundos de vida, tomó una decisión suicida: hacer explotar su última bomba meta-dimensional. Apuntaron con ellas el centro relativamente cercano de la otra meta-corporación. Antes produjo un hueco trans-dimensional para refugiar el Mekhanes satélite, que ahora viajaba veloz, a los límites del sistema planetario.
     Una lluvia de golpes atacó la nave de M y L. Eran los efectos de lejanos quiebros del espacio-tiempo y tormentosas radiaciones empezaron a rasgar el Aether que los rodeaba. Increíblemente parecía que la meta-corporación se suicidaba, dada la relativa cercanía de la meta-corporación atacante.

     Los dos androides-qualia supieron automáticamente el plan de destrucción. Ellos tenían aún, en sus circuitos, el plan que minutos antes Herakón diseñara para acabar con la enfermedad atávica. En una alta y despedazada escalera que se alzaba sobre la ciudad, se acercaron uno al otro. Cogieron sus manos rodeados del fin, esperando la explosión final que acabaría con las dos meta-corporaciones. Sus dos sintéticas consciencias se supieron mutuamente y acercaron sus fríos cuerpos de pobre metal, uno junto al otro. Frente al tormentoso paisaje, como frente a un maremoto de fuego, las dos consciencias de los androides-qualia saborearon los últimos segundos en que podían sentir el paso del tiempo. 

     En los límites del sistema planetario, en el hueco espacio-temporal del Mekhanes, indiferente de haberse salvado, Nimis se reunía con los técnicos y demás empleados. También llegaba una nave con los soldados que sobrevivieron a la batalla.

     Y empezó la explosión. El microscópico Big Bang se encendía. Alumbró los varios trozos de galaxias oscuras que flotaban anónimas en la negritud, nunca antes visibles. Una lluvia de partículas terriblemente radiactivas inundó el Aether y simultáneamente un bucle espacio-temporal empezó a abrirse en el lejano fragmento donde se asentaba la otra meta-corporación.
     La intensidad de la emisión de espacio y de energía despedazó ese clúster de galaxias e hizo volar en sus partes más elementales los átomos de todo lo que la componía. A lo lejos, los planetas del sistema volaron en distintas direcciones para no juntarse nunca más.
También lejos del centro de la explosión M y L en su nave fueron alcanzados por el estruendo y quedaron inconscientes.
     Después de eso, nuevos átomos se formaron y nuevas partículas se organizaron a formas más estables, el frío entró al centro caliente de la explosión y otra vez, todo fue silencio.

     En un punto de la destrucción, el Mekhanes había sobrevivido aunque se habían estropeado por completo sus sistemas multidimensionales. El viaje meta-dimensional ahora era imposible. El planeta Ploutón era una masa de ruinas y cadáveres. Entre ellos los dormidos cadáveres del perfecto Andros y su erómenos, que al verse perdidos se suicidaron.
La otra meta-corporación había muerto. Reducida a átomos desordenados y a la deriva. La local agonizaba.

     Los gigantes acéfalos quedaron en Ploutón como inútiles zombis enredados en un caos que no percibían ni comprendían. Caminaron por él, días y aun algunos que no fueron destruidos inmediatamente, deambularon por años entre las instalaciones olvidadas


 L y M sobrevivieron y despertaron a su libertad, una informe libertad total. 

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