jueves, 5 de abril de 2012

83 ¿ QUE ES EL THECNETOS ?



     Yo imaginé al Thecnetos como un ser vivo artificial, como un artilugio termodinámico para sobrevivir al límite entrópico. Los seres vivos obtienen anti–entropía a través de respiración o la digestión, aumentan el caos externo, para reducir el interno. Así crean orden en ellos, el animal más simple hace eso. Pero los seres vivos son máquinas termodinámicas poco eficientes.
Diseñe al Thecnetos como una maquina perfecta para que cuando desapareciera la materia, fuese capaz de usar anti–entropía, del mínimo que se encuentra en las moléculas perdidas del Ouranos. Aún más, si hay tiempo es porque aún hay un viaje del orden inicial del cosmos al caos total de su fin, así que mientras haya tiempo habría anti-entropía para el Thecnetos, pues el combustible final que quema el Thecnetos es el tiempo. Cosa que ninguna maquina había hecho antes.
Pero aunque yo inventé al Thecnetos, no pude construirlo. Herakón fue el que lo hizo bajo las instrucciones que dejé, creo una máquina imperfecta, el Thecnetos siempre fue para él una idea que lo sobrepasaba, por ello en secreto mi plan sobrevivió, camuflado entre las millones de funciones del Thecnetos, este permitió que el Emisario naciera y que este mensaje y esas  cartas se salvaran y llegaran a ti. Herakón vivió trillones de trillones de años en él Thecnetos pero nunca lo conoció del todo, pero sospechaba este actuaba a sus espaldas y que un día llegarías, ahora el Thecnetos está libre de su guardián pero se ésta perdiendo a si mismo. No pude repararlo pues solo soy un mensaje grabado.
Las dimensiones que conforman al Thecnetos son 16, por eso su poder de cálculo es total. Y por eso es invisible e imposible de concebir. El Thecnetos es tan diferente al tiempo, como el tiempo es diferente a la materia.
Ahora —dijo hipnótico e íntimo L— te explicaré que es la consciencia, nadie antes que tú, lo ha sabido.

¿QUÉ ES EL YO?

–Como sabes al yo (consciencia) no le afecta el tiempo pues eres el mismo así pasen los años. Entonces ¿el yo es un ser atemporal? No, pues un ser sin dimensiones es nada, lo atemporal es cero. Pero la consciencia es y tiene cualidades. El yo es un ser meta-temporal, un ser mas allá del tiempo.  Un objeto de más de 4 dimensiones –Dijo L.
     Esperé como un buzo que flotase en el océano más liviano de todos. Leves luces se encendieron por todos lados y noté que estaba al centro de una enorme cavidad esférica. Era de muchos kilómetros de ancho, sentía mi cuerpo flotar justo al centro de ese gran vacío. Al acostumbrarse mis ojos a esa leve luz actínica vi que a esa cavidad llegaban millares de túneles. Era el centro mismo del último planeta.
    En el centro de ese gran hueco flotaba como una partícula una estructura de metal que me pareció familiar. Se veía a la distancia pequeña, pero era muy grande como note al flotar hasta ella. Me resulto de inmediato familiar monumento, sólo que éste era cientos de veces más grande que aquel del desierto: de la base caótica salían múltiples esferas de plata, éstas se enredaban y formaban una doble hélice escalonada, metáfora de la molécula germinal nacida de la materia, del ADN que se trasformó en un gigante que era como un Emisario que soñaba, signo de los Homo sapiens thecnesies que surgieron de los genes y conquistaron el cosmos, el coloso sostenía a la altura de su cabeza un hipercubo, como el que había visto en el desierto. Pero a diferencia del otro, éste era una estructura reluciente; los rasgos del gigante eran muy detallados. Estaba intacto, intocado por la erosión y su superficie tenía una asombrosa pulcritud metálica. Floté minúsculo y deleitado alrededor de sus formas grandes y hermosas, y recordé las dudas que el reflejo tosco de esa figura, habían causado en mí cuando las hallé en el desierto. Recordé cómo había creído que yo no existía, que me perdía a cada segundo: el enigma de la consciencia en los gigantes; recordé con tristeza al Emisario, semejante al titán sostenían el hipercubo.    
     La piel del gigante era minuciosamente detallada, sus grandes dedos tenían huellas digitales, aunque serían casi del tamaño de mi cuerpo. En el interior del gigante estaban esculpidos sus órganos. El hipercubo sostenía a su vez otras formas geométricas muy confusas y lentamente móviles. Tenían una geometría precisa y bella, pero que no pude captar en ese momento ni ahora soy capaz de recordar. Sus movimientos eran a cada nivel más caprichosos y armónicos.
“Para poder entender esta obra —pensé—, habría que ser  capaz de ver galaxias en el cielo y átomos en nuestras  manos”.
Lo miré de abajo hacia arriba. De nuevo las diminutas esferas, la doble hélice y el gigante dormido. Y desde su cabeza, el hypercubo. L  habló:
Las esferas que ves en la base del monumento —dijo— representan los átomos. Y esa espiral escalonada representa la molécula germinal y su origen químico en un remoto planeta, que nos dio origen y cuyo nombre se ha perdido. De su evolución surgió la primera humanidad, los Homo sapiens sapiens que se rehízo genéticamente. Ese coloso representa a esa humanidad ya convertida en Homo sapiens thecnecies. La estructura que sostiene es su yo nacido de su cabeza.
Escuché atónito a L
En algún lugar de la evolución —prosiguió cálido L—, esa inerte molécula germinal dio origen a la viva consciencia.
– ¿Cómo surge la conciencia de la materia? –pregunté  en al vacío.
La vida se inició al crearse la estructura tridimensional de la molécula germinal, luego ésta empezó a hacer cosas, a evolucionar, a ser un ser temporal, ósea un  ser de 4 dimensiones, luego esas cuatro dimensiones se trasformaron en cinco, así evoluciono la consciencia y surgió el yo. La consciencia es cosa, pero una cosa de 5 dimensiones. La consciencia es material pero es superior al tiempo como el tiempo es superior a la materia.
Un objeto tridimensional, una roca por ejemplo es siempre igual a sí misma, pero su sombra de dos dimensiones cambia y se mueve sin cesar.
Los movimientos y cambios de la mente son la sombra móvil de la conciencia, que es inmóvil y la misma en sus 5 dimensiones. La sombra de tu cuerpo tiene 2 dimensiones, pero tu cuerpo también es la sombra de otro ser de 4 y este a su vez es sombra de uno de 5, que es el yo. Esta sombra de tu consciencia es tu cerebro en actividad. Por eso ves que de la cabeza del gigante sale el hipercubo, pues el cerebro es la base tetradimensional de la pentadimensionalidad del yo; si cae el cerebro cae la consciencia, pero no son lo mismo. Como la luz sale de la lámpara pero no es la lámpara. 
La consciencia es un objeto inmóvil y siempre igual a sí mismo. Tú eres siempre tú mismo. Sólo su sombra en el tiempo parece moverse y cambiar, por eso el pensamiento, la memoria y el cuerpo son cambiantes. Pero el yo y su identidad continúan. Tú siempre serás el mismo así pasen trillones de años y cambie mil veces tu cuerpo. Nosotros somos en lo íntimo un ente penta-dimensional.
– ¿Cómo un cerebro tetra-dimensional —dije humildemente— puede dar origen a un objeto penta-dimensional?
Ocurre porque el cerebro fabrica fractales. Un fractal, como sabes al hacerse más y más complejo, va aumentado la magnitud de sus dimensiones. Los procesos del cerebro se van condensando, hasta dar origen a una forma penta-dimensional…
Pero ahora te hablaré  de las cartas, agregó LSolo al morir Herakón se liberó este mensaje para ti. El Thecnetos conservó esas cartas y mi mensaje para ti, aunque morí hace trillones de años.
Colmado, dejé de escuchar a L y pensé: L es un muerto, M también, las cartas que leí eran la correspondencia entre dos cadáveres, el Thecnetos está vacío de vida, ¿podría el mundo ser más inerte? Sentí un asco frente a esos vacíos y frente a la banalidad de las cartas de L. En mi larga soledad había conocido la vacuidad de la materia, pero la vacuidad de las personas me repugnaba aún más.
M no está muerto —dijo L o más bien el Thecnetos que podía leer mis pensamientos y escoger entonces en el mensaje grabado la contestación de L a mi duda.
M te trajo hasta mí.
Escuché asombrado y permanecí unos minutos así hasta admitir este hecho:
M era el Emisario.
De pronto creí comprender: El Emisario era un inmortal. Él era M que vivía en el mundo desde la prehistoria humana; pensé, oprimiéndome en su recuerdo.
No —respondió nebuloso L—, el Emisario no es un inmortal. En la naturaleza nada es inmortal o todo lo es. La materia es eterna pero cambiante. Antes de morir haciendo el Thecnetos entendí que esa inconstancia del cosmos lo lleva siempre a repetir sus formas. Algunos seres son simples y se repiten rápidamente; el ADN  es complejo, pero en un tiempo infinito tenía necesariamente que repetirse. Con 24 letras se pueden hacer millones de palabras pero no infinitas. Alguien que inventara palabras al azar un día tendría que repetir la primera palabra que invento. Con los 25 mil genes de la molécula germinal[1] se pueden hacer trillones  hombres distintos pero no infinitos. Al azar la molécula germinal de M tendría un día que volver a formarse. Y el Thecnetos lo esperaría en la eternidad. Yo diseñé al Thecnetos para que la humanidad fuera eterna, haría nacer de vez en vez un ser humano y entonces, supe que un día muy remoto, al azar, se volvería a repetir la combinación precisa de la molécula germinal de M y este volvería a nacer. Y eso ocurrió ya hace miles de años. Claro, no bastaba esa información genética para que M renaciera, no somos solo nuestra molécula germinal, somos la sombra cambiante de una cosa que no cambia, pero deje instrucciones para que el Thecnetos use esa sombra para hacer el yo de M. El Thecnetos construyó la consciencia de cinco dimensiones de M en base a su molécula germinal y su cuerpo, luego le insertó los pocos recuerdos y sensaciones que pudo salvar del pasado.
Asombrado, escuché.
Sé que querrás saber también quién eres tú.
Me inmovilicé estupefacto al oír la voz grabada de L que hablaba a solas.

















[1] 25,000 genes tiene el adn humano. Cada gen tiene unas 10 versaiones (alelos) lo que hace que cada humano tenga un juego de molécula germinal casi único.

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