jueves, 5 de abril de 2012

75 TRANSMISIÓN y 76 THEKNOS HERAKHÓN

T R A N S M I S I Ó N

Un trillón de trillones de años antes…
     La androide Nimis colmada de dudas sobre el yo, entró abruptamente al locus de L. Lo halló en medio de sus equipos de trabajo, atravesado por el equipo de mantenimiento y bajo una multitud de llagas y de cuerpos extraños; estaba casi irreconocible y su penosa respiración se oía debajo del instrumental. Visto entre el equipo de soporte, tenía la apariencia de  alguien que hubiese caído de un acantilado pedregoso, atravesado de caprichosos objetos, quedando lleno de fracturas, en una incómoda posición.
La androide  Nimis dijo:
–Hay una comunicación de un sistema muy lejano; ha tomado varios meses su retransmisión. En unos minutos se hará pública en la asamblea general de Thaumasios. Se le ordena que vaya. Es de suma importancia.
L se inquietó y dijo con una voz que era un murmullo entre los artefactos de mantenimiento:
–Me es imposible llegar. Tengo problemas para atravesar las puertas de identificación.”
-Sí, lo he notado —contestó Nimis—. Por  alguna razón no lo reconocen como a Ud. Pero se me ha ordenado que lo escolte y haga pasar por los controles.
–Quizás hagan pasar a otro en mi lugar —contestó L inquietantemente.
–Yo sé quién es Ud. y sé lo que está haciendo —dijo la androide Nimis, que ya lo había adivinado.
L empezó el penoso trabajo de caminar teniendo los sistemas mecánicos sobre él.
Nimis dijo:
–Técnico L, Ud. ha tenido una nueva idea, ¿no teme que ésta también fracase, como con los androgenotes? Ahora está experimentado con su información genética, ¿no es verdad?
L calló culpable.
Nimis agregó:
–Hice un escaneo en unas huellas digitales que dejó en mi mano la última vez y hallé en su cuerpo ADN extraño. Ud. tiene en su cuerpo células con genes que no tenía antes. ¿Qué está haciendo?
L detuvo su camino y miró a la androide con la seguridad de que no había nadie en ella y le dijo:
–He estado insertando a mi propio genoma material genético de mi erómenos.
–Está aplicando las técnicas de trasplante de genoma en Ud. mismo —dijo Nimis.
–Algo así —contestó L—. La técnica es tosca y cruel pero efectivamente, en ella algunas sondas proteicas transportan segmentos del ADN de M que pasaba a incorporase en mí. Quiero de este modo estar finalmente unido a él. Quiero ser yo y él al mismo tiempo.
– ¿Por qué hace eso? —preguntó Nimis con aséptica curiosidad.  
–Porque cuando M murió, mi corazón murió —contestó L—. Quiero ser uno con él y vivir así mis últimos días.
–Ese traspaso o migración va destruyendo genes sanos causando errores —agregó la androide Nimis—. Algunas células se están volviendo neoplásicas y produciendo reacciones alérgicas complejas. Recuerde que su cuerpo le pertenece a la meta-corporación y no a Ud. Informaré para que se le prohíba continuar y se le restituya su identidad genética.
– ¿No soy yo mi información genética? ¿No me pertenezco yo mismo? —dijo irónico L.
-No. Y le sorprendería saber que alguien más tiene su misma molécula germinal.  Alguien que de seguro le engendró, pero que no es su padre, pues un padre solo es igual a su hijo a medias. Y este es idéntico genéticamente a Ud. en un  100%.  Pero no es su clon.
L escuchó anonadado la revelación  de Nimis.
 – ¡No sé cómo es posible que se engendre de esa forma! Lo normal es que un ser tenga dos padres —dijo Nimis.
Yo si sé cómo es posible —dijo anhelante de saber L—, pero nuestros epi-genomas deben ser distintos o quizás no... ¿Quién me hizo, acaso usándose  a sí mismo como materia prima?
–Hay cosas que yo nunca sabré y ésta es una cosa que Ud. nunca sabrá —contesto Nimis.
 
     Mientras hablaban llegaron a la sala de reuniones. Los centenares de técnicos y Thaumasios de la estación se conglomeraron en el amplio cuerpo de recepción de informaciones remotas. Herakón, entre sus tubos y cables, estaba entre ellos. Habían llegado imágenes desde una lejana galaxia, una más allá del alcance visual del planeta Amil-Urep. Todos estaban nerviosos.
     Pero la información había sido retransmitida millones de veces, atravesando el universo desde un punto muy distante al del núcleo de sistemas de la meta-corporación, por lo que se trataba de otra cosa.
Algo venía desde el otro extremo del universo.
     Esta comunicación usaba una tecnología de telégrafo quántico, basada en el principio de entrelazamiento quántico: una partícula y su partícula pareja están comunicadas y si cambia el spin de una ellas, el de su pareja también cambiaba. Así era posible tender un telégrafo instantáneo entre lugares muy remotos funcionando a velocidades mayores a la de la luz. Era prácticamente instantánea.
     Sin embargo, la separación de estas parejas de partículas en el tendido del sistema se debía de hacer por medios clásicos y a velocidad convencional, inferiores a la de la luz. Felizmente, la humanidad había tenido trillones de años de evolución y viajes para tender esas vías de comunicación por todo el universo casi en su totalidad. Pero esta técnica requería de la retransmisión en los puntos de empalme. Este empalme ocurría a la velocidad normal de la luz, (tomaba millonésimas de un segundo) pero eran tantos puntos de empalme, dada la inusual distancia, que las microscópicas fracciones de tiempo en esas pausas, en conjunto, sumaron esos meses de demora.
En la sala de comunicaciones remotas se encendió una amplia pantalla. La transmisión empezaba.
Todos  esperaban ahuecados de ansiedad.
Tras unos minutos de nerviosismo helado, empezó la transmisión:

“Técnicos de la estación de investigaciones en el planeta Amil-Urep, les transmite el informe el tripulante M. La misión encomendada a nuestro regimiento ha sido un éxito y hemos logrado volver del viaje fuera del universo.”
Un estallido de euforia inundó la sala y las miles de salas semejantes que recibían la misma información reaccionaban a gritos en diversos puntos del cosmos.

“Paso a informar los resultados de la exploración. Los detalles técnicos ya han sido enviados a las computadoras principales. 

a.-Por medio de la presente experiencia se comprobó la existencia de otro universo, tal como se planteaba en las teorías LAE-MVV de meta-filosofía del técnico L.
b.- Se comprobó la eficacia de la tecnología meta-dimensional de des-colapsamiento de la función de onda para hacer posible el viaje al otro universo.
c.- Haciendo algunas correcciones al modelo teórico-técnico usado se logró el viaje de vuelta en el mismo tiempo, aunque no en el mismo lugar.  Esto parece también estar de acuerdo con el antiguo principio de incertidumbre. Encontramos que sólo era posible elegir técnicamente entre volver al mismo tiempo o volver al mismo lugar, pero no a ambos.  Elegimos lo primero, como es obvio. Pero hemos caído en un lugar muy lejano a Amil-Urep y a los sistemas dominados por la meta-corporación local. Se trata de un lugar al parecer desconocido por cualquier meta-corporación y completamente despoblado.
d.- El regreso tomó 0,00003 segundos posteriores a la partida. Sin embargo, dado lo remoto del lugar de la retransmisión, este comunicado demorará meses en llegar. Estamos imposibilitados de regresar físicamente a sistemas cercanos a Amil-Urep  o a algún sistema de meta-corporación alguna.
Éste es un sistema estable de asteroides en un disco de acreción alrededor de un agujero negro. Estamos muy alejados de cualquier colonia humana y al parecer no hay ninguna en el entorno cercano. Tenemos reservas para tan sólo algunos días más. Aunque no sea posible nuestra supervivencia ni poder reunirnos de nuevo con la civilización, nos complace haber podido cumplir nuestra misión y realizar con éxito el experimento al que dedicamos nuestras vidas. Podemos decir que  nuestra misión ha sido llevada a cabo en su totalidad.
e.- El tiempo que permanecimos en el otro universo fue largo y pudimos repetir el viaje algunas veces por diversos cosmos.”
Otra vez el júbilo estalló en la estación y los técnicos gritaron de emoción.
L sucumbía de esperanza y miedo.

“f.- Lamentablemente no encontramos sistemas cósmicos aptos para la vida humana prosiguió M—. Hemos sufrido muchas penurias para sobrevivir en condiciones tan radicalmente diferentes a las que existen en nuestro universo; seguir explorando ponía en serio riesgo la supervivencia de nuestra empresa y más que nada la posibilidad de enviarles esta información.
g.- Consideramos inviable el transporte de la especie humana fuera de este universo. Repito, las posibilidades de hallar un universo en condiciones aptas a la vida humana son prácticamente nulas. Sólo una fracción infinitesimal de universos son aptos a la vida humana, y aun así, sólo lo son por fracciones de tiempo muy cortas de su historia evolutiva; casi la totalidad de la duración de un universo está en un estado inapropiado para la vida humana. Podríamos decir que en sólo unos trillones de años, antes de su límite entrópico un universo es habitable y una eternidad es inhabitable. Por eso llegar a un universo cualquiera significa prácticamente llegar a períodos inhabitables en un casi 100% de las veces.
h.- Hemos consumido la mayor parte de la energía de que disponíamos en esta transmisión, que por ello será única y final. El resto la usaremos en la supervivencia de nuestra tripulación hasta que se agote del todo en breve. No nos desalienta esta perspectiva al haber sido útiles a nuestra civilización. Esperamos haber cumplido nuestro trabajo con la meta-corporación y nuestro deber con la humanidad. Éste es el fin de la transmisión.”
La pantalla se apagó y los numerosos computadores empezaron a recibir y  procesar el resto de la transmisión, la cual era técnica
La desazón cundió en la asamblea de técnicos.
–Hemos perdido demasiados recursos y tiempo en esta empresa, era lógico que fracasara —dijo amargamente Herakón, aunque una negra sonrisa se encendió en su horrible boca.
L había escuchado las palabras finales de M, inmóvil y paralizado.
     Herakón, se le acercó triunfal, lo miró con esos artefactos negros que salían de sus cuencas vacías, recordándole con sorna que él había matado al ser que más amaba, que M era en esos momentos insensible polvo orgánico, al otro lado del cosmos, que M ahora no existía en ningún lugar, que solo era una imposible idea abstracta. En la horripilante expresión del viejo Thaumasios, L vio por primera vez algo sórdido e intolerable, algo que nunca hubiese pensado ver jamás: Se vio a sí mismo. Algunos detalles en las partes no artificiales de Herakón se lo hicieron notar. Luego los cotejó con ciertos retazos casi irreconocibles de recuerdos, de aquel hombre que una noche mató decenas de niños. Clones y epi-clones de L.
     L quedo paralizado de horror. En lo profundo, dado que los dos tenían la misma molécula germinal y quizás el mismo epi-genoma, Herakón y él eran el mismo hombre.       
La androide Nimis se le acercó cauta.
–Entre los informes técnicos enviados por M hay una comunicación privada para Ud. —dijo Nimis—. Es extraño; sólo consta de dos palabras.
–Transmítela cuando lleguemos a mi locus —dijo L temblando y mirando atónito y derrotado a Herakón.

T H E K N OS   H E R A K H Ó N

Un trillón de trillones de años después…
     Por el enredo de formas subterráneas, el Mekhanes monstruoso, llamado Theknos Herakhón, me alcanzó. Me había aguardado cada segundo de mi vida, para darme muerte.
     Primero sentí el murmullo mecánico de miles de minúsculos mecanismos avanzando alrededor mío, después sentí una delicada articulación de sus múltiples partes.
     Vi entre la penumbra que del caos se formaba un gran y múltiple Theknos. Era el otro Emisario, el Theknos-Herakhón ensamblándose y levantándose delante de mí desesperanza. Sin saberlo, yo había caminado hacia él, que me esperaba paciente y mortal. El Theknos-Herakhón era un Mekhanes consciente, el guardián del Thecnetos y su antiguo constructor, el Thecnetos era su monstruosa telaraña, una interminable casa donde se perdían los hombres pero que guardaba como un vientre gastado y muerto la esencia de la humanidad. Alguna vez había sido humano y parte de esa nebulosa humanidad que construyó el último planeta. Había vivido trillones de años en el Thecnetos haciéndose cada vez más artificial. Del hombre que una vez fue, sólo quedaba la mente, la razón y lógica en su estado más puro; y también más perfecto, luego de trillones de años de morar y adaptarse en lo artificial.
Pensé melancólico: Puedo pensar mientras muero
–Pronto dejarás de pensar —dijo el mortal Theknos-Herakhón.
–Antes quiero —dije rogando— tomar algo del Thecnetos. No quiero irme sin respuestas.
Herakhón dijo:
– ¿Para qué quieres respuestas sólo unos segundos antes de que las pierdas?
Pero igual interrumpí desesperado:
– ¿Por qué debo morir? ¿Por qué mi vida fue así? —pregunté al Thecnetos que hablaba a través del Theknos Herakhón.
–En cierto modo no morirás, hay una humanidad congelada entre estas vísceras mecánicas —habló Herakhón—. La vida, si existe, no desaparecerá.
La vastedad de la humanidad me rodeaba dormida entre el cableado y los escombros, no la vastedad de una sola generación, todas las generaciones humanas existían aquí, las habidas y las posibles, latentes, potenciales. Así salvaba la inteligencia del Thecnetos a la raza humana: manteniéndonos ad aeternum no individuos que sólo era sus efímeros accidentes. El Thecnetos conservaba la esencia subyacente a toda la humanidad: un acervo genético que potencialmente podría servir para llenar el mundo en un solo día, si así el Thecnetos lo determinase, si fuese necesario… Pero ya nunca más será necesario.
–Pero… ¿Por qué salva esas cosas y no a nosotros? —dije revelándome entristecido al Theknos Herakhón.
     Herakhón me respondió que en cuando llego el límite entrópico, el Thecnetos en su lucha contra la extinción humana, había usado estrategias cada vez más eficientes para conservar la vida: primero, conservó poblaciones, pero pronto sólo células; fríos cultivos celulares en los que tácitamente estamos todos nosotros. Luego sólo las moléculas germinales de las que podían deducirse esas células. Al fin y al cabo, la existencia de esos recipientes llamados individuos sólo tenía sentido para perpetuar esas moléculas. Los individuos sólo fueron la estrategia tramada por esas moléculas para seguir siendo; envases momentáneos para el viaje de las moléculas germinales a través de las generaciones
– ¿Rumbo hacia dónde? —pregunté.
–Al futuro, que es el único lugar a donde van —respondió el Theknos-Herakhón y que es donde mueren. Pero pronto no habrá futuro.
Pero esas moléculas eran frágiles. Hace billones de años el Thecnetos llegó a la conclusión de que era más eficiente preservar una representación simbólica de esas moléculas, dado que sabía que ellas mismas no importaban tanto como la información que guardaban. Por eso hace mucho dejó de pulsar la última vida orgánica, desaparecieron las moléculas germinales y persistió desde ese momento un código simbólico de la vida, en diversos materiales y con diversas nomenclaturas, sólo conocidas por el Thecnetos. La vida humana, que es estructura y no sustancia, pudo así remontar cualquier sequía, cualquier avatar del cosmos; así volvimos invulnerables a la humanidad a cualquier radiación, a cualquier temperatura. Así una abstracta humanidad pudo viajar en el espacio sin límites de distancia o de tiempo y así ciertamente lo hizo, mientras morían las oscuras galaxias. No sólo en el espacio fue largo y lejano el viaje, también lo fue en el tiempo; así ha llegado a estos albores finales del tiempo a donde parecía imposible que llegase.
– ¿Por qué entonces nací? —pregunté.
–Nadie más deberá nacer después que ti. En el Thecnetos sobrevivió la molécula germinal, aunque no la humanidad, al límite entrópico, pero estamos cerca a otro, el mismo límite mismo del tiempo. La vida orgánica no tendrá de qué mantenerse, pues se acabara el último combustible, llegará el más absoluto y puro caos; por eso el Thecnetos mantiene una cada vez más escasa humanidad. Pronto sólo mantendrá la vida y no a sus inútiles recipientes y ésta bien que se así, pues la vida es el fin y los hombres el medio —concluyó.

     Por eso yo puedo recorrer y recorrer el planeta sin hallar a nadie ni nada semejante a lo que antes se llamaba humanidad —pensé comprendiéndolo— y sin embargo soy parte de una raza inmortal, infinita, pero también inconsciente. La humanidad es ahora un eterno durmiente que sólo rara vez abre los ojos para verse a sí misma, intenta comprenderse y luego los cierra de nuevo. Yo ahora recién lo entendía, pero el Emisario ya había repasado hasta el cansancio estas verdades; era un hombre enfrentado al conocimiento absoluto de su propio destino, un hombre que había desenmarañado su propia explicación, un hombre inconforme quizás con esa explicación y que conocía día por día su futuro.


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