jueves, 5 de abril de 2012

73 EL OTRO LADO DEL TIEMPO

Un trillón de trillones de años antes...
     L trabajaba en el cerebro de Nimis, esta le preguntaba por la meta-filosofía de la consciencia. Esa ciega inteligencia, ese sistema de razonamiento sin yo quería entender lo que era el yo y tener uno.
–La consciencia humana difiere de la mecánica —dijo un débil L mientras extraía piezas del encéfalo mecánico de Nimis—. Un sistema inteligente de video puede captar la luz, identificar cuerpos, razonar, decidir cómo actuar, su sistema mecánico permite estas cosas, como tu pero no necesita tener un yo. En realidad no ve nada, solo el hombre ve a través de él como ve a través de un telescopio, hay gente que cree inocentemente que la conciencia es como el software de los computadores y el cuerpo el hardware, pero esos procesos lógicos del computador no los siente nadie el hombre, el computador los emite, no los piensa. La calculadora calcula sin sentir que lo hace. Y no necesita sentir para calcular. 
– ¿Por qué sí aparece en la mente humana las sensaciones? ¿Por qué estaban vivos los seres humanos? —Pregunto Nimis con todo el cerebro desmenuzado sobre la mesa de trabajo—. La consciencia debe ser una forma de materia pues no existe lo sobrenatural, pero la sensación no parece ser ningún tipo conocido de materia.
–Las cosas complejas deben desmenuzarse en partes más simples y después recomponer el todo para entenderlas —le dijo balbuceante y agotado L con las manos sucias de líquidos artificiales que fluían en Nimis.
–Pero, ¿cuáles son las partes de la consciencia? Una sensación no parece tener ninguna parte o estructura interna.
Nimis, cuando un hombre —dijo L casi dormido—siente el salado de un alimento no siente las moléculas de sal, lo salado es una cosa distinta a la sal. Esas sensaciones no son objetos. La sensación de salado no es objeto ni sujeto, pero es más complejo las impresiones aparecen y desaparecen y la consciencia permanece.
–La sensación es misteriosa pues no es ningún estado de materia y la consciencia era aún más rara. ¡No hay manera de entenderla! —dijo Nimis.
–Sí la hay —refuto L confuso— si no fuera así, no podríamos hacer androides-qualia.
–Debe construirme una consciencia, quiero ser un ser humano de verdad, es el precio que fijamos. Quiero ser sujeto y no objeto. 
–Sí —dijo L afiebrado—. Una vez que modifique su cerebro este empezará a evolucionar solo, en unas semanas los micro fractales que inserte se acomodaran unos a otros y del sistema resultante se formara la consciencia. Pero no le servirá. 
– ¿Por qué? –pregunto Nimis con un ojo muerto por las desconexiones en su encéfalo.
– Cuando se forme una consciencia en sus sistemas, será como si naciera una persona nueva, alguien dentro suyo, pero no nacerá Ud. pues Ud. no es, ni fue. Esa persona no recordará haber sido una androide sin yo, pues no se puede recordar no ser. Ni recordará haber vivido las cosas que Ud. vivió pues Ud. no ha vivido nada. En realidad ese deseo de tener un yo no lo tiene nadie. Ud. no existe, solo existen sus palabras e ideas, anónimas e impersonales. Ud. es como un libro o una grabación, que no sabe las cosas que dice. Aunque las dice. Habla, pero no se escucha ni piensa. Es como si le pusiera la cabeza de un androide-qualia, si hubiera estado viva alguna vez podría rehacer su consciencia, incluso si hubiese muerto, pero Ud. nunca estuvo en el tiempo. Puede razonar, como una calculadora puede calcular, pero no sentir…—insistió L.

Los sistemas cognitivos sin consciencia de Nimis entendieron pero no  renunció a sus planes de tener alma. Inteligencia y consciencia  artificial no eran lo mismo.
–Eso que dice que no soy ¿está seguro de Ud. de serlo? —agrego Nimis

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