jueves, 5 de abril de 2012

64 NOTAS SOMBRE LA PREHISTORIA 2

Un trillón de trillones de años después…

–Aún pasaron más cosas —prosiguió el Emisario acariciando distraídamente la cicatriz de su brazo izquierdo—, miles de generaciones después, los robots superaron en lucidez a los humanos. Las poblaciones de robots más inteligentes que los hombres desarrollaron una civilización paralela a la nuestra e inventaron por fin la llamada meta-filosofía, que era la explicación final de todo, la explicación del mismo ser, ontología científica. Era una filosofía no problemática, no especulativa y a diferencia de la filosofía humana, no hacía preguntas sino qué tenía respuestas para todo. Una descripción profunda y fiel del ser por los autómatas, sustituyó a la titubeante y diversa filosofía humana. Para ello, inventaron y usaron millones de nuevas palabras y conceptos, imposibles de comunicarse a los hombres.
Para cuando esto pasó, ya hacía mucho tiempo que se había disuelto en la nada el viejo planeta Tierra, lugar desde el cual surgió la primera molécula germinal de la que todos descendemos. La descendencia multiforme de esta molécula invadiría pronto todo el cosmos. También hace mucho que se había esfumado la Vía Láctea; de ella sólo quedaron registros de que una vez existió y de que fue lentamente carcomida de agujeros negros.
Después de su muerte ya no surgieron nuevas generaciones de estrellas y galaxias negras formaron un universo de elementos pesados y fríos y por lo tanto, de una química distinta, que sustituyó la que conocieron los primeros hombres. Y así, estos cambiaron nuevamente, adaptándose a ella.
En estas nuevas químicas evolucionaron nuevos animales orgánicos y también nuevos animales artificiales.
Las millones de especies del planeta original se trasformaron en billones de diversas formas en el cosmos, tan diversas y distintas entre sí, que nadie podría luego notar, su origen común.
La humanidad fue poblando todos los planetas habitables, matando las múltiples civilizaciones que encontró. Esa época de invasión y asentamiento duró un tiempo muy grande. En ese viaje de invasión la vida terrestre halló otras versiones de la molécula germinal, no sólo con otros códigos genéticos y claves químicas, sino conformadas por otros materiales y estructuras. Y en ellas, la perversa y universal característica de la vida: una sustancia haciendo copias de si misma. Pero al encontrarse se inició una competencia entre ellas: antiquísimos linajes de estas moléculas se enfrentaron, no individuos contra individuos, ni especies contra especies, sino versiones de la vida entre sí.
La raza humana, dio origen a una multitud incontable de razas en el universo, muchas de las cuales decidieron sustituir sus cuerpos por los de máquinas inmortales. Luego, en las siguientes generaciones, empezaron a añadirse más y más rasgos superiores de los autómatas, hasta el punto en que ya no se distinguieron de ellos. Surgieron luego razas híbridas e incluso hubo mundos poblados sólo por máquinas. Fueron épocas en que era imposible distinguir un humano promedio de un robot promedio.
Esas especies humanas se enfrentaron también. Algunas cambiaron artificialmente su composición celular con organelas artificiales inyectadas en sí mismas por voluntad propia o contra ella, haciéndolos capaces de poderes inéditos.
Así, comenzaron a entrar en melancólica extinción sus ancestros, los primitivos seres humanos del extinto planeta Tierra, condenados a vivir en las regiones olvidadas del cosmos. Y luego sólo existieron como material didáctico o para investigaciones cosmo-paleontológicas.
Y así, con la vejez del cosmos, millones de años después se apagó la luz de la última estrella y el universo quedó completamente a oscuras. Empezaron también a desaparecer los planetas naturales.
El Emisario tomó otra pausa en su relato, parecía oprimirse emocionalmente al contarlo. Luego prosiguió:
–Mientras estas batallas se entablaban, la vida mostraba sus extrañas formas en las galaxias. Luego, miles de generaciones después, la tecnología pudo construir los primeros artefactos penta-dimensionales, hechos no sólo de materia y de tiempo sino con una dimensión más; eran artefactos invisibles. Luego vinieron nuevas generaciones de artefactos, con más dimensiones cada vez y con poderes asombrosos. Surgieron de ellos increíbles usos. Los primeros aprovechados siempre en las guerras entre civilizaciones que fueron reduciendo el número de competidores en el certamen por la ocupación del cosmos.
Luego a los artefactos artificiales se les añadieron capacidades cognitivas y se les denominó animales meta-dimensionales; eran vida artificial pero vida invisible. Solo su sombra tetra-dimensional era visible, su intersección geométrica con nuestro mundo. Era casi imposible distinguirlos de los dioses, si no fuera por los ingenieros que los comprendían y manipulaban, muchos de los cuales también eran artificiales…

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