jueves, 5 de abril de 2012

61 I N F I N I T O S F I N I T O S

En otro lugar del espacio-tiempo…

Ya quedaban pocas horas. Nimis viajó a apoyar al ciego anciano Herakón en ciertos cálculos que eran requeridos para ajustar el despegue final. Aprovechó para resolver una duda propia.
–Disculpe, venerable Herakón, ¿qué evidencia hay de que en realidad existan otras dimensiones? —Preguntó la Androide Nimis—. No hay ninguna experiencia sensorial de ellas.
–Pero ¿qué sabes de sensaciones? Las sensaciones no sirven como el poder cognitivo que les dimos —dijo amargo Herakón que deseaba fracasara el experimento en el que se había extenuado trabajando—, por otro lado no hace falta que tú sepas todo, sólo que los señores de la meta-corporación lo sepan, más te lo explicaré sólo para que en adelante nos sirvas mejor.
–De no haberlo, este experimento es en realidad un simulacro —dijo Nimis.
Herakón la miró con indiferencia, sabía que Nimis podía leer en las micro-gestualidades humanas información que los humanos trataban de disimular, así que se mantuvo inexpresivo.
– ¿Qué hay de malo en la muerte? —Dijo el hastiado anciano al cabo de unos segundos—. Sólo un primitivo instinto nos hace temer a la muerte, la muerte sólo es pasar a no sentir. No ser es tan inocuo como ser tocado por la nada, ojalá que en lugar del mundo hubiese nada y no estuviese saturado de torpes y sórdidos seres como Ud. Si tuviese el poder de los Zombis Ekantokeinos, dedicaría la energía remanente a la aniquilación de la humanidad; sólo error y caos hay en el mundo, un cosmos saturado de estos sórdidos animales parlantes, locos y esclavos, dedicados a sus fines oscuros, un universo al revés saturado de esta humanidad infame…Pero te lo explicaré, remendaré tu mente.
La androide Nimis se aprestó a escuchar la explicación.
-¿Recuerda las milenarias teorías de relatividad y de quántica antes del surgimiento de la meta-filosofía? —preguntó el desganado anciano.
–Sí– dijo la androide Nimis—, por cientos de miles de años se trató infructuosamente de unirlas en una sola teoría.
–Explícalas —ordenó Herakón.
–La relatividad suponía que la naturaleza era un asunto geométrico y la cuántica que era probabilístico —dijo Nimis—, trataron inútilmente de unirlas pero fue imposible; al unirlas, de las ecuaciones de ambas teorías surgían cantidades infinitas, imposibles en la naturaleza.
– ¿Por qué son imposibles? —preguntó Herakón algo irónico.
–Si hubiese magnitudes infinitas en la naturaleza, tendrían que ocupar todo el universo.
–Dado que el universo no está colmado, no existen los infinitos ¿verdad? —dijo Herakón jugando con Nimis.
–Sí, por supuesto —agregó Nimis— Por eso esas teorías eran absurdas.
–Eso crees, ¡qué tosco mecanismo eres!, ¡qué primitivos artefactos nos sirven! —dijo Herakón pero luego su voz se volvió lenta e íntima—. Pero nosotros también somos torpes mecanismos, artefactos con un fin, surgidos de un accidente evolutivo sin sentido y con una razón de ser aún más absurda que la tuya, diseñados únicamente para hacer persistir una inerte molécula, incapaces de hacer otra cosa, incapaces de entender o ver el mundo sino a través de esa necesidad. No como realmente es. Somos ciegas máquinas químicas y no servimos realmente a nada —agregó Herakón más asqueado de sí mismo que de Nimis—, pero pronto los humanos dejaremos de infectar el cosmos…—dijo Herakón casi conmovido por la humanidad.
–Escuche —prosiguió retomando el tema— imagine que somos líneas de una dimensión y viviésemos en un pequeño plano. No habría forma empírica o científica de ver la bi-dimensionalidad —agregó Herakón.
–Sí —dijo Nimis—, entiendo.
–Escucha —ordenó Herakón—. ¿El plano dónde está esa línea es finito?
–Sí lo es —respondió Nimis.
–Pero dime: ¿cuántas líneas caben en ese plano?
–Infinitas —respondió Nimis.
– ¿Era tan difícil de entender? —dijo Herakón impaciente—. Si los científicos de ese mundo lineal tuviesen una teoría realmente acertada de lo que es el mundo, hablarían de infinitos ¿no?
La androide Nimis en ese momento lo entendió
–Así es —dijo Herakón más tranquilo—, nosotros vivimos en un mundo de cuatro dimensiones. Al unir las primitivas teorías de relatividad y cuántica en la meta-filosofía, primero surgieron infinitos, por eso se asumió que esa teoría era un error. Eran infinitos en las cuatro dimensiones pero finito en las demás.
–Comprendo —dijo Nimis y notó que los argumentos de Herakón eran en realidad ajenos, ya había hace un tiempo examinado las teorías del nuevo Thaumasios L, pero calló. Herakón aún montaba, sin que nadie le creyese, su espectáculo de inteligencia absoluta y algo en él mismo, iba sospechando el embuste.
–Ahora vete. Ya sabes nuestra evidencia meta-filosófica sobre la existencia real del otro universo.
Nimis se alejó humildemente. Herakón se quedó encerrado en su ceguera rumiando largas y lentas consideraciones.

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