jueves, 5 de abril de 2012

57 ¿C Ó M O R E P R O D U C I R S E S I N

En otro lugar del espacio- tiempo…

La duda paralizó a L. ¿Acaso era mejor así?, era lógico lo que decía Herakón, lo que decía el mismo antes de que dejase de ser él por M. Quizás M era el vector de un síndrome, por eso llamaban enfermedad atávica a esto, pues nos regresaba a las pulsiones que dominaban a aquella especie de la que habíamos evolucionado, nos reducía a ser meros homo sapiens sapiens, paradójico nombre que se habían dado a sí mismos los antepasados de los humanos actuales.
Pero una idea como una esperanza surgió en algún lado de su inconsciencia.
–Inactive el antagonista de IgF2, ¡elimine ese gene del todo! —ordeno ansioso L.
Automáticamente el otro gen H19 se inactivo. Lo habían logrado al 100%.

–Una vez logrados los trans-óvulos (óvulos generados de espermatozoides), podría realizarse un nuevo screening epigenético.
–Bien– respondió el computador—, iniciaremos la fecundación empezando por las parejas de espermatozoides más idóneas.
Después de tantos preparativos se inició la parte automática de la fecundación.
En la pantalla se vio flotar un óvulo artificial vacío. Era un linfocito sanguíneo de M modificado bioquímicamente hasta tener el tamaño y las características químicas de un óvulo.
La belleza de esa célula se podía ver con todo detalle en el espacio del laboratorio y desde todos los ángulos. Era como un etéreo planeta girando en el sutil Aether.
Movido por un fórceps invisible y microscópico, un espermatozoide de L fue insertado dentro de este óvulo artificial.
Se había realizado el cambio meta-epigenético en el segundo espermatozoide de M convirtiéndolo en óvulo con éxito y fue introducido.
Los dos dentro parecían dos renacuajos disolviéndose.
Una pequeña cánula inyectó una cantidad de sustancias químicas en el óvulo artificial, que dispararon las reacciones químicas de la fecundación.
Los dos espermatozoides empezaron a disolverse y a liberar sus cromosomas. M y L podían ver los 23 cromosomas que salían de cada uno de sus respectivos espermatozoides, uniéndose, uno a uno, con su par correspondiente, uniéndose de por vida en un mismo ser. Como había pasado con los sentimientos del erastés y de su erómenos, pasaba ahora con sus dos moléculas germinales, ahora una.

De este modo, el genoma normal de 46 cromosomas se había formado. Dado que provenía de dos hombres, este especial cigoto recibía el nombre de androgenote.
El producto era 46 XY viable.
La operación se repitió para el segundo par de espermatozoides; esta vez se formó un cigoto que era 46 YY, una combinación no viable y que la máquina inmediatamente descartó.
En la siguiente combinación se formó un cigoto 46 XX viable, pero prohibido por la meta-corporación al no contener genes artificiales propios del Homo sapiens thecnesies, sino de una antigua y desaparecida especie que vivió en simbiosis con la humanidad primordial. Un errado linaje al que la enfermedad atávica del desparecido Ahelios inútilmente se inclinaba. De nuevo la máquina automáticamente la eliminó.

Después de unas horas, el resultado final arrojó siete embriones viables, 46 XY permitidos por la meta-corporación.
–Congelamos todos los embriones menos uno —dijo la androide Nimis—. El desarrollo de éste ya empezó en un útero artificial del centro.
M y L miraron la aparente inmovilidad de ese embrión en la pantalla 3D.
En unas semanas se encendería la vida consciente en él.
Hijo de las dos consciencias de esos dos eromenois, juntos esa noche, por última vez.

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