jueves, 5 de abril de 2012

44 EL ERROR, MADRE DE TODAS LAS COSAS

En otro lugar del espacio- tiempo…

     El inicio de la vida fue al formarse la primera molécula germinal (ADN) y al hacer ésta, sus primeras copias químicas, sin hacer nada más aparte de eso.
     Luego empezó una batalla, no entre las copias de la molécula germinal, sino entre los distintos modos de copiarse, pues la protagonista de la historia universal de la vida siempre fue la reproducción, no lo que se reproduce.
     Pero la multiplicación de la molécula germinal era imperfecta y ésa fue la razón de que aparecieran versiones distintas a su molde, unas más eficientes que las otras en copiarse. Este error fue la razón de su evolución posterior. Sin este error ni la consciencia ni el hombre habrían aparecido. Esa primera guerra continuó; primero entre moléculas, luego entre células, después entre individuos, grupos, especies, planetas, galaxias y luego la vida luchó con otras formas del ser, con otras cosas conscientes surgidas a su vez de otros tipos de moléculas germinales, en otros puntos exóticos y oscuros del cosmos. Así, el Emisario y yo luchábamos también cierta guerra anónima. Éramos el capítulo más reciente, pero no final, de una batalla química que empezó en lo oscuro y silencioso. Y que acaso también terminará por fin en lo oscuro y silencioso.

     De esa imperfección, paradójicamente, nació la llamada perfección de la vida, la del Thecnetos y la del Emisario, que debería ser llamada entonces  la imperfección de la vida. El error fue pues en realidad el motor de la vida y su causa; sin ella  nada habría pasado. Aún hoy avanza este río, pero ya no falla en copiarse gracias a la efectiva labor del Thecnetos.  Quizás por eso la vida ya no está viva. Todo vuelve en la naturaleza, pero nunca regresa la vida. La multitud incalculable de seres creados por la molécula germinal y su prole han muerto; así, la persistencia de la vida debería ser mejor entendida como la persistencia de la muerte. Cada uno de nosotros, cuidadosamente cuidados por el Thecnetos, encontraremos ese destino también.
Y si la vida es algo inmortal, nosotros no somos la vida.
     Sólo el río que nos subyace no se detendrá nunca y avanzará sin nosotros hasta quién sabe dónde. Por cierto, otro poema perdido calló esa tarde:

M:
 ¿Qué se desteje y se parte en silencio cuando no sé dónde estás?
El mundo retrocede y se desbarata como sobre rocas cuando no sé dónde estás Cuando no vuelves.
Todas las cosas y sonidos me atraviesan y luego me dejan
Como si yo fuese una estación de trenes ahora vacía 
Y el silencio que queda se carga de tantas cosas, que me quieren hacer llorar
Oigo el murmullo del universo que se va
Como el agua entre la tierra
Y yo me quedo solo en mí mismo
En ese insoportable mí mismo
Que  significa no estar contigo.
En ese principio triste de estar solo
Un proceso remoto pero íntimo, entre sueño y sueño, me fue dejando abandonado, en este paradero final de tu ausencia.

L.

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