jueves, 5 de abril de 2012

41 EL PROBLEMA DEL HOMBRE, ES EL HOMBRE

En otro lugar del espacio y el  tiempo…

     El terrible estruendo resonó por todos lados. Empezaron a caer a una terrible velocidad pedazos de naves en las instalaciones del planeta Plouton; objetos grandes viajaban con una aceleración vertiginosa por el sistema planetario demoliendo lo que embestían. Nadie esperaba esto a solo un día del experimento que salvaría a la humanidad. ¡Millones y millones de años malgastó el cosmos y le faltó un solo día para salvarse!
Empezó una urgente batalla. En esta ocasión, la ventaja de la sorpresa la tenía la otra meta-corporación. Quizás planeaba apoderarse del Mekhanes Meta-dimensional recién construido o sólo planeaba destruirlo sin saber su valor.
Miles de ojos terribles se encendieron de ira y de terror.
     Millones de bolas flamígeras rayaron la oscuridad, chocando pesadamente contra los astros del sistema planetario o contra los Mekhanes flotantes, desestabilizando su relojería gravitatoria y rompiendo su helada y armónica estructura.
     Herakón y todos los Thaumasios fueron inmediatamente protegidos.
     La corteza del planeta Ploutón se empezó a resquebrajar toscamente y la órbita del Mekhanes meta-dimensional, centro de los experimentos del viaje fuera del cosmos, se ladeaba peligrosamente. Herakón, Ahelios y todos los técnicos importantes recibieron la orden de viajar al Mekhanes meta-dimensional que era el lugar mejor protegido de la meta-corporación.
     M recibió órdenes de unirse a las tropas de defensa y de contraatacar la embestida de guerreros que de seguro sobrevendría. Se unió a Ayazx que apareció en la lucha con su asustado erómenos Gerontes, devastado día a día por la crueldad de éste, a Fratedes cuyo joven erómenos expresaba confianza en la lucha que empezaría, a Andros y a los demás guerreros.
     L tenía orden de viajar al Mekhanes para su protección a pesar de su bajo rango y juventud. Los androides no eran prioridad, así que Nimis y los demás androides, conscientes o no, fueron dejados a su suerte en Ploutón, que de seguro sería el lugar más atacado.
     Los androides-qualia carecían de instinto de supervivencia, así que no sentían desesperación o miedo, no estaban programados para ello como los humanos, pero eran conscientes de que eran conscientes y de que ya no lo serían en unos minutos. Caminaban cautos y lúcidos entre los estallidos. Al contrario, los androides como Nimis paseaban totalmente indiferentes a las explosiones. No eran conscientes de que eran conscientes y la muerte no cambiaría esa condición. Eran despedazados tanto unos como otros por el ataque de la otra meta-corporación.
     Los seres humanos en Plouton se torcían entre la ira y el miedo; y con los dos sentimientos al mismo tiempo pelearon o huyeron.
     La muerte venía por todos lados a todos y cada uno de los miembros de este milenario linaje humano, que conformaba la meta-corporación local.
     Se ordenó que el Mekhanes meta-dimensional, que se iba cargando de los Thaumasios y personal calificado, se  alejara  todo lo posible de la batalla. Pero no se pudo evitar que le alcanzara una miríada de ataques que lo agujerearon y rompieron. Después de unos minutos el Mekhanes perdió sus formas y se despedazó en fragmentos multidimensionales. La única tabla de salvación de la humanidad se derrumbó sobre sí misma epi-dimensionalmente.
     Una nubosidad de objetos empezó a aparecer alrededor de
Plouton, eran naves que aparecían y rodeaban los planetas. De ellas salieron otras más pequeñas que cayeron sobre las ciudades como meteoritos. En ellos hormigueaban terribles guerreros acéfalos, sintéticos colosos que eran la fuerza de destrucción de la otra meta-corporación. Salieron a despedazar y a matar; eran las fuerzas de primera línea de la meta-corporación atacante.
Inmensos y poderosos, corrieron como una turba de fieras por todos lados. Desparramándose en las ciudades como un alud de cuerpos sin cabeza, cuerpos sólo construidos para matar. En minutos se encendió el fuego de la pelea. Los gigantes de la meta-corporación local, entre ellos  M, Ayazx, Gerontes, Fratedes, Wille y Andros embistieron como una ola fornida a otra ola de carne sintética. Los acéfalos cuerpos empezaron a mutilar y a reducir a los guerreros humanos.
     Voceríos y alarmas saturaron las instalaciones atacadas. Todos ansiosos y urgidos de combatir. Así se acercaron los masivos cuerpos, los vigorosos músculos, las venas palpitantes de caliente sangre. Millones contra millones, un furor de miembros se entrelazaron y rompieron en un estruendoso estallido de odio. La hermosa arquitectura de los gigantes humanos, hecha de músculos, tendones y sangre, se despedazaba y fragmentaba, saltando en desorden carnes, fluidos y astillas de hueso. Estallidos violentos convertían en caos, el orden y proporción de sus bellas formas naturales. De este modo, también los cuerpos de los gigantes acéfalos, no hechos de carne, también se quebraban y reventaban, mostrando el tejido y los fluidos artificiales que los hacían. Así, fueron matándose y muriendo ambos grupos de titanes. El cuerpo de M se cubrió de sangre y de pedazos de los gigantes acéfalos, que mataba y que trataban de matarlo. Aunque el balance de muertes y de dolor rápidamente le daba la victoria a la otra meta-corporación.
     Ayazx luchó como siempre, con más habilidad y crueldad que los demás guerreros, era cubierto en su lucha por su desgastado erómenos Gerontes, que no dudaba en arriesgar su vida para cuidarlo; con esta ventaja Ayazx fue matando más que ninguno. Entre el caos de cuerpos que se matan Ayazx notó que M peleaba a solas, no emparejado como era la costumbre entre los guerreros de la meta-corporación y su carne deseó ser la otra mitad de la carne de M, todo guerrero era siempre la mitad incompleta de una pareja.
     Aprovechado el anonimato de la lucha, acabó con unos de los obstáculos que ponían distancia entre él y su deseo. Así que cuando nadie lo vio, con su erómenos delante de él defendiéndolo, levantó un brazo duro como un hierro y golpeó con un tosco golpe, la espalda del enamorado erómenos. El golpe fue tan seco e impactante que le rompió la columna y desarticuló varios huesos. Una hemorragia oscura pronto ahogó con una negra sangre, las vísceras del fiel Gerontes, que volteó incrédulo a mirar por última vez a Ayazx,  que ya se iba. Así recibió el triste Gerontes, el último pago a su devoto amor.
     Pero el único y gastado ojo de Fratedes y los ingenuos de su erómenos, pudieron mirar aquella injusticia. Wille se acongojó en su tierna edad conmovido por el destino del viejo Gerontes.
Cuando Ayazx notó las miradas de censura de los dos a su espalda, volteó a mirarlos indolente.
Fratedes aún con un mínimo de esperanza en el corazón le preguntó como a un hijo:
– ¿Por qué has hecho algo tan malo?
Ayazx le respondió lúcido y coherente:
– ¿Por qué no hacer algo si es malo? Dame una razón para no hacer lo “malo”.
Fratedes se vio incapaz de contestarle lógicamente y sacó a su erómenos de la vil presencia de Ayazx y juntos se internaron en la batalla. 
     Por otro lado, Ahelios abordó con L la nave que los llevaría al Mekhanes. Pero vio una duda de su pupilo, que sentía su vida vaciarse al dejar a su Erómenos, su lugar era el Mekhanes pero...
En el rictus sin significado que se iba dibujando en L, Ahelios se vio  a sí mismo, que siempre vivió sin motivo ni razón. L se había vuelto más que humano y ahora volvería a meramente serlo. En un segundo entendió qué le convenía más a su protegido:
–Quédate  —dijo a su joven subordinado— si partes al Mekhanes meta-dimensional con nosotros, tu vida quedará tan vacía como la mía. No tienes idea de lo que es vivir una vida sin sentido.
     L a punto de partir al Mekhanes meta-dimensional echó una mirada a la batalla que se estaba perdiendo. Pensó que lo más razonable era partir y sobrevivir, pero que en un punto en esa tormenta estaba M, e inseguro y con temor dudó en abordar.
Se tejió en su mirada desesperada este poema destinado a perderse:
M, ¿Qué se desteje y se parte en silencio cuando no sé dónde estás?
El mundo retrocede y se desbarata como sobre rocas cuando no sé dónde estás Cuando no vuelves…
Pero, al igual que el moho de la pared deseaba vivir.
     Nimis descuidadamente abordó y salvó su inconsciente existir sin proponérselo.

Cuando la última nave cargada de técnicos dejó el planeta rumbo al Mekhanes Meta-dimensional, L quedó en Plouton atrapado por la necesidad de buscar la otra mitad de su carne entre la tormenta de muerte. 

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