jueves, 5 de abril de 2012

25 UN GATO DE SCHRÖDINGER (*) DE 5 DIMENSIONES

                                   
UN GATO DE SCHRÖDINGER[1] DE 5 DIMENSIONES

En lo más profundo del espacio-tiempo…

     Los resultados del rito gnoseológico habían llegado. Se logró avanzar un nivel más la meta-filosofía y se explicaron fenómenos antes oscuros, pero los Zombis Hekantokeinos se sintieron decepcionados, pues no bastaba para crear un medio de salvación a la inmediata muerte de la humanidad. Los resultados se supieron y aterraron a la población. En la confianza de que era la mente más poderosa de la meta-corporación, se le pidió a Herakón pensar en una solución, se suspenderían sus otras responsabilidades para que pudiere trabajar solo en esto. Éste, a pesar de anhelar la muerte de la humanidad, era fiel a las órdenes de los Zombis Hekantokeinos, la vida para él carecía de justificación o sentido y por eso la repudiaba. Pero además, para Herakón, repudiar el absurdo y simpatizar con la razón eran ambos sentimientos primitivos, la razón debía ser sola sin empujes ni frenos de ninguna emoción. Así que aceptó el encargo de diseñar una salvación técnica como un ejercicio para su inteligencia y como evidencia de su indiferencia hacia la vida o muerte de la humanidad.
Pero consumió los días ideando sin hallar nada.
     Mientras se esforzaba inútilmente en buscar esa solución, por toda la meta-corporación se encendían rebeliones y desórdenes violentos. Luego de un largo periodo de esterilidad y de titubear morbosamente, Herakón decidió hacer algo incómodo, preguntar en secreto al creador de la teoría si había previsto alguna solución o tenía alguna aplicación tecnológica para el fin del universo. Así que Herakón mando traer en absoluto secreto a L a una alta hora de la noche.
     Cuando los guerreros llegaron a su locus, el técnico L desvelado escribía una secreta carta, que tuvo que interrumpir violentamente.
M:
Esta noche estoy tan enamorado,
Tan injustamente enamorado.
Pero es tan buena la noche
Que está generosamente cargada  de estrellas.
Qué mala suerte estar  enamorado  así.
Hoy confío en la malvada ciudad
Y sé que no importa cuánto corra por la arquitectura vacía de la noche.
No me perderé.
Las más dulces notas nacen y caen como flores
Mientras sus formas conspiran para darle ser y belleza
A mí afligido sentimiento.
Una belleza profunda pero indolente,
Como tú, a veces.
Estoy tan sensible, tan demasiado consciente de cada nota, de cada pausa
De esta delicada música
Que se construye y avanza como un oleaje, como un arrebato de viento.
Pero más dulces que esos saltos de la melodía
Son esos breves segundos
En que creo que me quieres.
Es bueno estar así,
Tan injusta y precariamente enamorado,
Porque sé que reservas
Un lugar y unas horas para mí
Y así tu mirada, tus tibias manos, le cederán un poco
De su belleza
 A esta noche
A las estrellas,
A la música
Que respiro y que sueño
Esta noche  tan infinitamente lejos de ti.
L.

     En eso L fue abruptamente detenido y conducido al metálico locus de Herakón. Toda una patrulla de desvelados gigantes lo escoltó, entre ellos se hallaba lívido y casi demente de rabia Ayazx, que cogió burlonamente la carta y la guardo para examinarla después. También estaba el sereno y cauto Fratedes.
     Mientras L era arrastrado, la desesperanza se dejaba ver por los pasajes y escaleras públicas que recorrieron. La cuidad no tenía ni futuro ni esperanza, sólo “ser provisionalmente” era la única acción justificable.
     Dado que “vivíamos” los últimos días del universo, ningún segundo podía ser desperdiciado y angustiaba a todos elegir que hacer en ese segundo. Cada minuto ahora valía lo que realmente vale: un universo. Ayazx deploró usar sus últimos días de vida en escoltar a L, al que miró con un profundo desprecio, se prometió en secreto que si caía pronto el gobierno de la meta-corporación, asesinaría primero a L. Después se entregaría al asesinato, viviría sus últimos días haciendo lo que más le gustaba. El odio de Ayazx contra L no sólo se originaba en esa humillación de servirle considerándolo inferior, sino en otra cosa muy distinta. Fratedes que vio su mirada atenta sobre el técnico, lo sospechó. Temió que Ayazx aprovechara esa oportunidad  y se preparó a proteger a L de hacer falta.
     Rodeado de los guardianes, ahora incrédulos del poder de la meta-corporación y al borde de la insurrección, L entro de nuevo al locus de recepción y sintió el deja vu de estar en el mismo lugar de nuevo: El Thaumasios estaba en su alta silla de espaldas a él, con numerosos androides-qualia rodeándolo. L, sensible y preocupado, notó que su sueño no se había equivocado, había efectivamente una escalera que llegaba hasta el rígido Herakón. Aturdido aún, esperó las órdenes del Thaumasios.
     Lentamente la silla de Herakón giró y mostró al alto Thaumasios atravesado de dolorosos cables, con las cuencas de los ojos abusivamente invadidas de artefactos negros. Con ellos empezó a mirar a L acuciosamente, acaso asombrado de lo que éste había hecho.
Callado lo miró unos minutos estudiándolo.
     Sólo por formalidad le preguntaría si su teoría contenía alguna solución a la muerte cósmica. Solo por una honrada fidelidad a la meta-corporación y como prueba de su desinterés en la muerte o salvación de la humanidad.
–Lo he hecho venir porque la cumbre de inteligencia artificial ha terminado logrando llevar la meta-filosofía a un nivel más de profundidad. Este es un evento asombroso y un placer intelectual para nosotros los científicos. Quizás Ud. no lo entienda, pero llevábamos siglos esperando esta nueva revolución epistemológica y al parecer su teoría ayudó, aunque muy indirectamente, a lograrlo, lo felicito —dijo con una perfectamente fingida voz Herakón.
L fue dominado por un humilde orgullo y siguió escuchando.
Había, al sentir este orgullo, activado la primera trampa de las muchas que el anciano Thaumasios le tendería. Y con las que finalmente, lo vencería.
Lo lamentable —dijo Herakón con un inocultable gesto de satisfacción— es que esta revolución meta-filosófica no ha logrado crear un método para salvar a la humanidad —concluyó mostrando horriblemente sus dientes artificiales, lustrosamente negros.
¡Esta se perderá! —Dijo regodeándose aterradoramente en esa verdad— ¡Y de una vez para siempre! Ahora le  pregunto a su inquieto ingenio —dijo Herakón con voz fingidamente cordial—. ¿Tiene alguna idea de cómo podríamos escapar a la muerte inminente del cosmos? —preguntó entusiasmado de saber que el concilio artificial no lo había hallado y confiando en que el inexperto L tampoco  podría.
–Creo…. —dijo L inseguro de su respuesta y titubeó pues pensaba que era mejor dejar morir a la vida, la necia auto multiplicación de lo inerte siempre le había repugnado…Pero sólo en la vida podía amar a…, su emoción tomó el control por un segundo y finalmente respondió casi arrepentido—. Creo…que sí.
Herakón, perdió la mitad de la retorcida sonrisa que se había dibujado sus ajadas facciones. Se turbó confuso odiando profundamente a L. Se volvió todo amargura en sus negras entrañas y la decepción parecía ir matando sus viejas carnes, invadidas de partes sintéticas, también antiguas y gastadas.
–Repugnante… —balbuceó Herakón resistiéndose a creer, decidió que debía matar  a L inmediatamente.
Entonces el alto Thaumasios se levantó de su trono y empezó a bajar lentamente. Aunque estaba como amarrado de cablería que invadía su cuerpo, no resistió acercarse físicamente a la triste lucidez de L.      
Mientras bajaba trabajosamente las gradas, partes del recinto metálico empezaron a moverse siguiendo los movimientos de Herakón, manteniendo así su conexión a los sistemas. Pareciéndole terrible a L esta visión de la aproximación dramática del Thaumasios hasta él.
Ya cerca de L, el alto Thaumasios lo miró muy de cerca con sus mecánicos sistemas de visión y le dijo muy bajo.
– ¡Es abominable!…—Y rumió un rato su furia amenazante sobre
L, que por un segundo también pensó que era abominable que este horrible universo se salvara—. Describa sucintamente su idea…—concluyó Herakón como queriendo matarlo usando el veneno de su amargada voz, luego lo abochorno el haber sido dominado por completo por una emoción.
L empezó a relatar con todo detalle el plan de salvación. Los numerosos androides–qualia que presenciaron todo también se asombraron, llenos de esperanza, de los pormenores teóricos.
–Debemos sacar a la humanidad del universo —dijo L—  y llevarla a otro que con certeza existe.
El Thaumasios ciego y lógico escucho inmóvil. Casi colgando entre el cableado y los artefactos de sustento que lo aprisionaban.
–Mi teoría sostiene que los animales meta-dimensionales no se han suicidado ni se han extinto, sino que han viajado, han emigrado a otro universo. Hay otro cosmos y una topografía precisa entre él y el nuestro. Debemos trazar un mapa a ese transmundo al que los animales meta-dimensiónales viajaron. Debemos hacer ese viaje. Para eso deberemos convertirnos es seres humanos trans-dimensionales pues el viaje será meta-dimensional.
–Hay aún en nuestro cosmos —titubeó pero prosiguió — cicatrices, huellas no del todo borradas, de un antiguo contacto con ese otro universo, debe haber un puente angosto hacia ese otro mundo, pero no espacial, sino epi-dimensional —culminó mirando casi arrepentido a Herakón. En el último instante sintió que el Thaumasios tenía razón, este era un plan abyecto para perpetuar el absurdo y la maldad humana.
     Herakón oyó, perdiéndose brevemente en las palabras de L, como si estas fueran efectivamente suyas, pero después deploró la novedad y radicalidad de esas ideas, no sólo porque podrían salvar a la humanidad y esto era un empleo banal para sus inteligencias, sino porque esta vez, era consciente de que no habían nacido de él. Por primera vez una mente sobrepasaba a la suya aunque fuese sólo una vez. Y no parecía ahora ser una casualidad.
–Prosiga —dijo— entristecido y golpeado, tratando de ser de nuevo indiferente raciocinio y  coherencia.
–Habría que construir un Mekhanes trans-dimensional. Primero deberíamos probar un viaje de ida y vuelta con un número pequeño de tripulantes. —Comprendió entonces L, que su plan incluía matar una cierto número de personas concretas para salvar una abstracción, pues para L solo existía la vida de cada humano y no la de la humanidad que caso era solo un concepto más o menos eficiente—. Y después de conseguir hacerlo con éxito, con toda la humanidad —concluyó contrito.
– ¿Cómo supone Ud. que se logre convertir el cuerpo humano en un objeto multidimensional? —Dijo Herakón cediendo a un desesperado anhelo de rebatir a L—. La tecnología multidimensional que usamos aún es tosca e imperfecta. No sabemos realmente cómo es la multidimensionalidad del ser —dijo Herakón irritado y a la vez afligido.
–Ya somos seres multidimensionales, mi idea es agregar más dimensiones a las que ya tenemos. En mi teoría hay una explicación de la penta-dimensionalidad y su relación con nuestra tetra-dimensionalidad. Venerable Herakón, Ud. sabe que en un cubo hay infinitos planos, que un plano tiene infinitas líneas, y una línea infinitos puntos[2]. Algo análogo pasa en el colapso de función de onda[3]: una partícula puede ser de infinitos modos, antes de colapsar “es” de todos esos modos aunque a nuestra temporalidad le parezca algo absurdo. El colapso de onda da como resultado sólo un estado de la partícula de entre infinitos posibles. Así el colapso de la función de onda es la proyección de la quinta dimensión del ser en una cuarta (la nuestra), que es el ser en que vivimos. Ósea el tiempo es la sombra de algo mayor. El gato vivo-muerto se desglosa en solo un gato. Ese, creo, es el puente entre la quinta y la cuarta dimensión. Por ella podríamos multi-dimensionalizarnos para viajar al otro universo —concluyó L.
–La función de onda solo se colapsa, en una dirección, de 5 a 4—dijo Herakón, dejando de fingir y calcular frente a L, volviéndose por unos segundos cómplice y simpatizante de este—. 
Debemos des-colapsar la función de onda —concluyó L y pasar de la cuarta a la quinta dimensión del ser.
Herakón quedo fascinado con aquella idea tan radical, incluso sintió un minúsculo orgullo por aquella idea ajena, comulgaba con L solo un segundo, pero en un nivel que jamás había hecho con nadie, se proponían hacer algo que nunca había pasado en la naturaleza, pero que teóricamente podría hacerse, era tan anti-natural, tan contra-natura que la idea lo conquistó.
–Su teoría parece correcta, pero un cambio tan radical del estado de la materia matará con casi seguridad a los primeros tripulantes —dijo con voz muy baja y llena de intriga Herakón pensando repentinamente en algo. Podría quizás mandar a L en ese primer viaje.
–Esperemos que no sean muchos los intentos —dijo algo compungido L—, es un infortunado sacrificio.
–Ud. Será el responsable, no lo olvide, la vida de ciertos hombres terminará para prolongar la vida de un concepto abstracto. Habla de hacer un Mekhanes meta-dimensional…se hará —dijo Herakón retrayéndose entre los apéndices y volviendo a su silla.
Un androide-qualia se acercó a L y le dijo:
–Vuelva a su locus, nosotros montaremos todo el experimento. Ud. no nos hace falta más. Pero prepárese, un nuevo cambio de responsabilidades espera a todos los técnicos.
Herakón regresó, casi muerto de odio, a su alto trono de muerte y se sentó amargo a meditar, a pesar de su aversión a la vida, tal era su fervor a la meta-corporación y a los Zombis Hekantokeinos que no sabotearía el plan. Daría su mejor  esfuerzo por plasmarlo y llevarlo al éxito como si fuese suyo, además así fue como lo presentó a la meta-corporación. Las ideas no son de nadie, se dejan descubrir por casualidad por algunos, pero no son de ninguno —pensó. Pero no podría matar aún a L mandándolo en el viaje.  Pero había otro modo mejor de acabar con su vida...
Mientras L se iba del recinto, escoltado por Ayazx y Fratedes, el Thaumasios, que todo lo percibía, ahora de espaldas a L le  preguntó con voz  baja y calma, fingidamente inofensiva:
– ¿Ud. tiene recientemente un erómenos no? Percibí en el aire que exhaló en el locus la última vez el inicio de su enfermedad atávica, ahora por los cambios en la composición de ese humor veo que ha sido correspondido. ¿Cuándo usará la supresión química contra su mal?
Todos quedaron atónitos.
Fratedes miró asombrado al Thaumasios, lleno de asombro reverente y temeroso, se preocupó por los jóvenes eromenois, Ayazx probó una insospechada desazón al escuchar la palabra “correspondido”. L sintió el viaje de un tremendo peligro —aunque aún muy lejano— hacia él. Pero no se le ocurrió otra cosa que decir la verdad.
–Sí, desde hace unos pocos días, la suprimiré pronto —dijo L y se fue inquieto.
     Los numerosos androides-qualia rodeando a Herakón empezaron con éste a trazar conjeturas y a formar teóricamente el plan. Había que confiar en que hubiese tiempo suficiente para materializar esas ideas  perfectas y puras, en la realidad imperfecta y contaminada. 
     Herakón en su silla de dominio tubo una idea, tomó por un minuto una pausa en la tarea, buscó (a través del cableado que salía de su cerebro y se conectaba a la misma inteligencia artificial de la meta-corporación) los registros genéticos de L, estudió de cerca la composición de su molécula germinal y estuvo así un rato haciendo deducciones y cálculos sobre ella. Con la secuencia de su ADN de L dedujo la composición genética de la molécula germinal del erómenos de L. En unos minutos, calculó como tendría ser una molécula germinal complementaria a la de L, aquello que era su opuesto y que completaba sus deficiencias y con esto identifico a quien amaba. Se alegró de que fuera de una casta tan distante y distinta, no solo L estaba haciendo algo prohibido. No solo estaría obligado por la meta-corporación a la supresión química de su estado, otro provecho mayor podía ser sacado de esta circunstancia. Ya tenía un medio para vencer a L.
Aún no podía matarlo, pero mataría su vida.
Luego de anotar ese pormenor, se hundió en el perfeccionamiento teórico del experimento. Ya tenía como llevar el experimento al éxito y como vengarse de tener que hacerlo.
Algo tosco e irracional impidió a Herakón ver en la molécula germinal de L otra cosa asombrosa.



[1] El gato de Schrödinger es una famosa paradoja de la mecánica quántica:   la vida de  un gato en una caja, depende de si un veneno se libera o no, y esto, del estado quántico de una partícula. La perturbadora interpretación de  la mecánica quántica es que, antes de abrir la caja, el gato esta simultáneamente vivo y muerto (función de onda de Schrödinger). Y además que solo pasa a ser un gato vivo o uno muerto, cuando abrimos la caja y miramos (colapso de la función de onda de Schrödinger)
[2] Una línea es un objeto de 1 dimensión, un plano de 2, un cubo de 3, el tiempo de 4. Cada dimensión contiene infinitos objetos de una dimensión inferior. Por ejemplo en un plano hay infinitas líneas. La sombra o protección de un objeto de n dimensiones es de n-1 dimensiones, por ejemplo, la sombra de un cubo (3) es un plano (2).
[3] En mecánica cuántica es el proceso por el que una partícula, que inicialmente es una superposición de infinitos estados posibles, se reduce a uno solo. Se pasa de infinitas posibilidades a un solo ocurrir. Es ilustrada en la famosa paradoja conocida como el gato de Schrödinger.

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