En otro lugar del espacio y el tiempo…
Por el último planeta resbala una tenue brisa, muy suave y constante. Ese aire va acariciando los extensos desiertos como el brazo de un desganado amante, que con desdén, palpa los paisajes tristes y las frías piedras, que por lo general, no cuentan con ningún otro testigo de su existencia...
...Aquí y allá se pueden encontrar, gastados Mekhanes (*); que son milenarios artefactos de bio-mantenimiento público, usados desde hace una eternidad por los solitarios que van naciendo y muriendo, de centuria en centuria, en el último planeta. Esos Mekhanes impiden que mi sangre casi seca, deje de fluir. O dejan entre mis tejidos microsistemas que llenan de escaso, aunque suficiente oxígeno, mis flacas carnes. Pero sobre todo, van reparando los errores y micro-aberraciones que va sufriendo mi molécula germinal (**), que es lo más esencial que tengo y que soy.
... Así que el Emisario es la interfaz entre los Mekhanes y yo, y ellos son las manifestaciones lejanas, los ecos pobres del Thecnetos, que permite así, mi supervivencia.
Entre los desiertos pueden hallarse algunos paisajes aún más raros que los otros: contienen formas regulares y de rara belleza. Supongo son lejanas construcciones, garabatos de la lejana y violenta prehistoria del ser humano, ocurrida hace ya tanto que quizás el mismo tiempo no sirva para concebir la distancia de nosotros a ellos. Son ahora polvo remoto, desvaneciéndose en polvo aún más viejo, y sin embargo me parecen tan interesantes cuando los comparo con la falta de significado de los demás paisajes. Ellos hablan de nuestros vehementes antepasados, demasiado distintos a nosotros.
Las recorro y examino pacientemente y siempre parecen no tener sentido, ¿o podría ser acaso que nunca lo tuvieron, por lo menos no para nosotros? (Lo cual es una evidencia de que en la prehistoria no fuimos físicamente como ahora somos). Tal vez corresponden a períodos de desorientación o de drástico cambio, o pertenecen al inicio del control autómata del mundo, de los antepasados de las máquinas que vinieron después, ya que lo artificial también tiene su prehistoria, demasiado distinta —seguro— al actual Thecnetos.
Si lo pienso mejor, lo artificial también tendrá su porvenir, pero no nosotros, pues no cambiaremos ya. Llegó hace ya mucho a su fin nuestra evolución como la especie que somos...
El Emisario (su emisario) creo que las ha de entender mejor.
martes 12 de abril de 2011
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